Archivo de Octubre 2009

Este tipo de debacles de un grande, en general, suele tener varias fases. Pasado el impacto inicial y la petición de perdón de los humillados, es tiempo de comparación de ciudades, presupuestos, sueldos de jugadores y capacidad de los estadios, de balance de la prensa mundial, donde se constata que las noticias viajan rápido, y de palabras hirientes y altisonantes, como “humillación”, “bochorno” (la elegida por mí), “vergüenza” o “histórico”. Tras esto se pondrá en entredicho toda la estructura de un club, incluidos los bedeles, aparecerá la pregunta típica de ¿por qué ese equipo de segunda B no juega siempre así? y saldrá algún nombre para el mercado de invierno. La última fase antes del siguiente partido del equipo humillado, normalmente, es una portada de un periódico con una foto de los jugadores reunidos en círculo y un titular que suele ser “Conjurados“. Ahí, si el humillado gana todo se va suavizando, y si no…

EL CÉSPED. Todas estas fases son normales, y cualquier adjetivo que se use, en este caso, creo que no es exagerado. Lo de Alcorcón, que yo pueda recordar, es lo peor que le ha pasado al Madrid jamás. Pero aun así, creo que disparar con la recortada para producir un impacto indiscriminado es un error. Cada actor tiene un papel y una parte de responsabilidad, y arrasar con todo no vale. En mi opinión, y sobre eso ya escribí, Florentino se equivoca con el discurso grandilocuente, que sólo consigue que al Madrid le estén esperando en todas partes. Gran parte de la inquina, el regodeo y la chufla de hoy viene por ahí. Pero además, y fundamentalmente, el problema del Madrid ahora mismo es futbolístico. Hoy las cargas de profundidad impactan en la estructura del club, pero el problema está mucho más en la superficie: ES UN PROBLEMA FUTBOLÍSTICO, táctico y de actitud. El Madrid pierde en Alcorcón porque es un desastre SOBRE EL CÉSPED, y si en este momento no se mira ahí se perderá el tiempo en recordar a los que se fueron, en cuánto costó este o aquel o en cosas por el estilo. Resulta increíble, pero para ganarle al Madrid hoy basta con marcar fuerte, ocupar espacios atrás con un mínimo de orden y correr al recuperar. Del resto se ocupa el propio Madrid, vago e indolente hasta la saciedad en fase defensiva, lo cual lo parte por la mitad de manera espeluznante. Es así de sencillo, y los que no le han ganado es porque no han hecho esto. Trabajo de todos y humildad para correr sin balón, líneas más juntas (tanto en defensa como en ataque), presión organizada (como la del Barça, que es casi perfecta) cuando se pierde el balón y marca real, no ficticia, tanto en el medio como atrás: si el Madrid hiciera esto, que está en su mano porque depende de la actitud (la calidad la tiene en todas las líneas), le bastaría, porque luego la pegada de sus cracks decidiría los partidos, incluso aquellos en los que aburriera a las ovejas. El problema es que, probablemente, lo difícil es conseguir que sus jugadores hagan todo eso. Guardiola lo consiguió, y para mí ahí está el gran reto de Pellegrini.

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El otro día viendo el Lazio-Sampdoria me indigné como pocas veces en mi vida viendo un partido de fútbol. Y no precisamente porque le tenga simpatía a la Sampdoria, porque eso queda en un segundo plano, por no decir tercero o cuarto. Me indigné porque comprobé, por enésima vez, que los árbitros, en demasiadas ocasiones, no se atreven a pitar lo que ven. Era el minuto 89 con 1-1 cuando Ziegler, volante zurdo de la Samp, entró con velocidad en el área. Uno de los centrales de la Lazio, Diakité, en una acción de pésimo defensor, se olvidó del balón y aplastó al jugador suizo, que cayó redondo al suelo. La repetición desde detrás de la portería no sólo permitió ver la jugada con nitidez (ya era evidente desde la cámara máster), sino que además mostró la posición del árbitro, perfectamente colocado para verlo todo. ¿Y qué hizo el árbitro, de nombre Orsato? Mandó seguir y esbozó una sonrisa. La sonrisa del cobarde.

FALTAN AGALLAS. Comentando después la jugada con mis compañeros en la redacción de C+ uno me dijo: “cualquiera se puede equivocar, y además, es humano no atreverse a pitar un penalty así fuera de casa en el último minuto“. ¿Humano? Buena explicación. Sí, es humano, desde luego, y quizá yo tampoco me atrevería a pitarlo, razón por la cual, probablemente, yo no soy árbitro, ni minero, ni especialista de cine ni apicultor. Porque si una profesión (en este caso muy bien pagada, por cierto, porque los árbitros en Italia son profesionales y ganan un pastón) me da miedo, pues me dedico a otra. Me parece perfecto que alguien no se atreva a pitar ese penalty, pero si es así, por favor, que se dedique a otra cosa, porque cuando un árbitro tiene miedo y eso mediatiza sus decisiones, pierde toda la dignidad en su profesión.

POLITIQUEO. Por supuesto que lo de Orsato, al que por cierto han sancionado con un partido (ridícula sanción), es sólo un ejemplo. Pero algún día habrá que decir basta al politiqueo de los árbitros, que antes de descargar el aire al silbato siempre analizan, en milésimas de segundo, 3 coordenadas: 1) en qué campo estoy 2) qué minuto es, y 3) qué resultado hay en el marcador. Y según todo esto, pitan o no. Yo estoy seguro, íntimamente convencidísimo, de que esa misma jugada en Marassi la pita. Y de que esa misma jugada en el minuto 5 la pita. Y de que esa misma jugada con 3-0 la pita. Pero no. Se dieron 3 circunstacias fatales: la acción favorecía al visitante, era el último minuto y en el marcador había empate. Horror. “Este marrón para el que lo quiera, que yo no me lo como” debió pensar el gran Orsato. Yo creo que ya tenemos bastante con que los equipos grandes les intimiden, o con que nunca se respete la distancia de las barreras, o con que piten peligro en las áreas permanentemente para quitarse de enmedio jugadas conflictivas, o con que al delantero de piten falta con un soplido y al defensa no. Con todo eso ya tenemos suficiente y lo aguantamos en TODOS los partidos. Falta sólo que no se atrevan a pitar LO QUE VEN, y eso es demasiado. Por todo esto, en mi opinión, el buen árbitro no es el que se equivoca un poco menos que los otros: el buen árbitro es el que pita lo que ve sin atender a otras historias. Por eso Collina era tan bueno, aunque se equivocara, como todos lo hacemos. Y por cierto, ha sido precisamente Collina el que ha impuesto la ridi-sanción de 1 partido… Si de mí dependiera, sacaba al gran Pierluigi de los despachos y le ponía a pitar… hasta los 65, buena edad para jubilarse.

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Aún estoy intentando recuperarme del sopor que me produjo el Uruguay-Argentina de anoche. Fue un partido lamentable, de los peores que he visto nunca, aunque, a decir verdad, no esperaba mucho más. Cuando Uruguay tiene por delante un partido grande o de mucha rivalidad suele sacar ese tipo de juego, o sea, cero fútbol y mucha garra: hasta los propios uruguayos saben que eso sucederá, y muchos, aunque por supuesto deseen la victoria de su equipo. reniegan de ello. Y con la Argentina actual… mucho más no se puede esperar. Aun así, me niego a pensar que esto sea todo lo que tiene el equipo que maldirige Maradona. Me resisto a aceptar que con los jugadores que tiene hoy Argentina eso sea todo lo que se puede ofrecer. Es innegable que no estamos ante la mejor generación de centrocampistas que ha dado este país en su historia, pero de ahí al horror de ver a este equipo jugar media un abismo. Sin duda con lo que hay se puede jugar a otra cosa, pero lo que falla no es la materia prima (no siendo, insisto, la mejor de la historia), sino quien la maneja. 

MESSI. Y lo peor, para mí, es Messi. Anoche no tocó el balón, y eso empieza a ser costumbre, lo cual es otro elemento a colocar en el “debe” de Maradona. Contar con un futbolista así y que pase inadvertido tiene que ser, necesariamente en mi opinión, en gran parte por culpa de su entrenador, y esa debería ser ahora la gran preocupación de Maradona. Pero no, ahora Maradona no está preocupado con eso. Está preocupado con pasar factura a sus críticos (que son legión), y además de la manera más soez posible, lo  cual le desacredita todavía más. Ese revanchismo recalcitrante y vulgar es una enorme pérdida de tiempo que no beneficia a nadie. Con esa atmósfera, y con Messi marchándose de los campos de fútbol inédito, afronta Maradona estos meses que quedan hasta el Mundial. Pero yo me temo que así es imposible alcanzar el éxito, y para Argentina (dichosos ellos) el éxito pasa únicamente por levantar la copa del mundo, ni más ni menos. ¿Será posible que eso suceda? Quizás. Ya pasó algo parecido con la Italia del 82, que ganó en una atmósfera irrespirable, pero a mí se me antoja muy complicado.

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Finalmente perdió el Madrid, y perdió bien, con un marcador demasiado benévolo para lo que se vio en el césped. El Sevilla (para mí el Chelsea español por su mezcla de físico, velocidad y pegada) le pasó por encima y dejó claro que los blancos son un equipo en construcción con un montón de problemas, aunque es bien cierto que con Cristiano, Arbeloa y Lass habrían plantado más batalla. Pero la realidad es que algunas cosas fallan, y una por encima de las demás.

PROBLEMAS. Raúl ya no está para ser titular (por cierto, no quitarle a él por Higuaín fue un desastre), Marcelo es correcto hacia arriba pero no hacia abajo, Benzema está terriblemente desaprovechado, y las jugadas a balón parado se defienden mal, muy mal. Todo esto, y seguramente alguna cosilla más, creo que es difícilmente discutible. Pero hay otra cosa que para mí es la más importante. Una cosa que el Barça tiene y el Madrid no, y que para los azulgrana es tan esencial como el aire que respira: la presión. Me encantaría hacer una prueba imposible: poner un día al Madrid actual, tal y como juega, con la defensa del Barça, o sea, Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Estoy seguro de que pasarían un mal rato. ¿Por qué? Porque son muy buenos, de eso no tengo dudas, pero en el Madrid no lo parecerían tanto. Y no lo parecerían porque los rivales, especialmente un equipo fuerte y rápido como el Sevilla, les llegarían en oleadas y les pondrían en serios apuros. Los jugadores del Barça, cuando pierden el balón (en cualquier parte del campo) saltan como resortes y hacen un gran esfuerzo para presionar allí mismo y así impedir la contra del rival. Un trabajo impagable y principal fuente de mi admiración por Guardiola, porque conseguir que estrellas consagradas hagan eso tiene un mérito infinito, un mérito al que sólo se llega, estoy convencido, por medio de la persuasión. Guardiola lo consigue y Pellegrini no, y cabe preguntarse por qué. En pretemporada el Madrid lo intentó, y todavía hoy lo hace al principio de cada partido, pero luego, pasados unos minutos, todo se desvanece y aparece no el Real Madrid, sino el Madrid real: pérdida de balón, desidia y que los 5 que se quedaron atrás se apañen. Así, la línea defensiva parece mucho peor de lo que es, y todo el equipo se resiente, especialmente cuando Lass no está en el campo. Un problema gordo de verdad que, contra rivales menores, pasa casi inadvertido. Pero contra equipos buenos como el Sevilla hace que todo se desmorone.

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Qué enorme decepción… Teníais que ver cómo vivimos la elección de la ciudad olímpica de 2016 en la redacción de Canal+. Todos arremolinados alrededor de varios monitores de televisión, con las miradas clavadas en Mr. Rogge y con la ilusión de ver nuestra ciudad, en la que nacimos o en la que vivimos, según el caso, elegida para la gloria de organizar unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Pero cuando se abrió el sobre y vimos Rio de Janeiro… Bueno, se hizo el silencio, los corrillos se deshicieron lentamente y cada uno volvió a lo suyo, con tristeza. Luego comprobé que, como seguramente en el resto de la sociedad, unos estaban más afectados que otros, o al menos eso pretendían mostrar. Sé que los JJOO son una inmensa orgía de intereses económicos, pero no es menos cierto que la Liga, la Champions o un mundial de fútbol, por poner 3 ejemplos de cosas que me apasionan, también lo son. Y el no tener estos juegos me ha llenado de tristeza.

2020. Caer y levantarse, hasta dos veces, y seguir luchando por el oro. ¿Hay algo más olímpico que eso? ¿Existe una actitud que refleje más el espíritu del deporte como forma de vida? Yo creo que no, y por eso espero que Madrid no se rinda. Y lo espero, entre otras cosas, porque es mi ciudad. Sé que entre los periodistas expresar “madrileñismo” no es muy habitual, seguramente porque la enormidad de la capital, en la que viven millones de personas llegadas de fuera, anestesia un poco ese sentimiento de pertenencia. Es cierto que quienes proceden de lugares más pequeños o menos presentes en cualquier ámbito de la actualidad tienden más a reivindicar lo suyo, a recordar con cualquier pretexto su pedazo de tierra, cosa que no sólo es legítima, sino también hermosa. Y hoy a mí me sale de dentro de forma irrefrenable reivindicar mi ciudad, Madrid, un lugar espectacular en todos los sentidos. Un lugar lleno de gente de todo el mundo que soñaba con unos Juegos Olímpicos. Desde este humilísimo blog doy las gracias a Alberto Ruiz Gallardón por su increíble tenacidad, y a Juan Antonio Samaranch por pronunciar una frase que me emocionó (”me queda ya poco, tengo 89 años y sólo les pido que den su voto a Madrid“), y también a todos los que han apoyado este sueño de toda España. Y por favor, que cambien, como decía alguien con mucho ingenio en Facebook, la corazonada por la cabezonada, porque merece la pena. En la primera votación ganó Madrid, y eso quiere decir que era la mejor, así que más que nunca vale la pena volver a luchar por ello. Y por cierto, enhorabuena a Río de Janeiro, porque también se lo merecía.

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Son ya muchos años y parece que Berlusconi se ha cansado de su Milan. Aunque es cierto, y eso hay que reconocerlo, que desde que compró el club ha conseguido todo lo que se puede conseguir. Todos los títulos, y no sólo eso. Consiguió, aunque ya ha llovido, crear el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia. Muchas veces me he imaginado un partido entre el actual Barcelona y el Milan de Sacchi, y creo, honestamente, que ganaría el Milan. Era una máquina perfecta, no tan sutil como este Barça, pero tan compacta y eficaz que daba miedo. Aplastaba a sus rivales (que se lo digan al Madrid) y su mezcla de físico, velocidad y calidad era insuperable. Aquel equipo marcó para siempre mi forma de ver el fútbol: desde que lo vi jugar, cualquier sistema defensivo me parece imperfecto y cualquier presión al rival, un juego de niños. Ese Milan asfixiaba como nadie ha hecho jamás, y luego su pegada hacía el resto. Además, por momentos brillaba en su juego con hombres como Gullit, Rijkaard, Baresi, Maldini, Evani o Van Basten. Era tan bueno que hasta varios porteros mediocres fueron capaces de no desentonar y ayudar a marcar una época.

NOSTALGIA. Pero todo eso ya no es más que una reliquia para nostálgicos. Hoy el Milan lo único que tiene en común con aquel equipo quasi perfecto es el dueño: Silvio Berlusconi. Aunque en realidad ya no es la misma persona. En los 80 era un empresario ambicioso y arrollador, mientras que hoy es un primer ministro desgastado y, según leo en los pocos medios que le rechistan, depravado. Un viejo verde, más o menos, según han venido a decir su mujer y sus detractores, aunque con una responsabilidad brutal entre manos, la de dirigir un país de infinito potencial aunque con el reloj parado desde hace algunos años. Exactamente como el equipo de fútbol de su propiedad. En Italia me aseguran que su Milan ya no le interesa, que ya no tiene nada que conseguir con él, así que se ha dejado llevar. Lo ha abandonado, vamos, y con él, a sus miles de hinchas, que hoy penan por los campos de Italia y de Europa. Para eso, mejor que se lo venda a alguien con ilusión, a alguien que se parezca al Silvio Berlusconi de hace 25 años.

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