En pruebas
|
A pesar de la globalización, que sin duda está arrasando con todo, en Europa se puede decir que siguen existiendo (hay más) tres grandes culturas futbolísticas, cada una de ellas con sus peculiaridades: la británica, la italiana y la española, ésta última recién terminada de definir. A grandes rasgos, el fútbol británico siempre fue tácticamente pobre, muy físico, de ritmo alto, balón largo, nueves puros con extremos y patada fuerte pero noble. Un fútbol en el que las hinchadas sólo piden una cosa a sus jugadores: que dejen en el campo todo lo que tienen. Sangre, sudor y lágrimas. Si lo hacen, tanto en la victoria como en la derrota aman a sus ídolos y éstos son sus representantes. Los técnicos, por su parte, siempre fueron una figura respetada a la que, generalmente, se permitía trabajar. En Italia es muy distinto. Allí sólo ha valido siempre ganar, y no es una frase hecha. Por eso la táctica es religión, aunque por desgracia no ha sido la única. Allí, no es ningún secreto, para conseguir el único resultado admisible, la victoria, ha valido siempre casi todo, razón por la cual los propios entrenadores, ayudados por médicos (o no) creaban mejunjes mágicos inocuos (o no) para el futbolista, o sometían a sus jugadores a sesiones (de horas!) de brutales rayos x, entre otras lindezas. Daba igual una lesión: si se quitaban los dolores el jugador estaría disponible. Además, técnicas de entrenamiento avanzadas a su tiempo, con preponderancia de lo físico sobre el balón, profesionalización máxima, tacticismo llevado al límite, resultados pactados… Las hinchadas, por su parte, sólo piden una cosa a sus jugadores: ganar. Ganar como sea. Por eso con mucha más frecuencia que en otros países el entrenador va a la calle. Y luego está España, donde la prioridad es ganar, por supuesto, aunque no de cualquier manera. Somos los quijotes del fútbol, especialmente en los últimos años. Una cultura futbolística gestada posiblemente en los años 80 y que la victoria en Viena ha terminado de esculpir. Una cultura bonita, desde luego, pero que recién terminada ya se ve amenazada por ciertos intereses. Resulta que, tras tantos años de indefinición, ahora que por fin lo tenemos claro vamos a importar valores de fuera. Y no precisamente los británicos, los de la entrega máxima, que son con los que yo más me identifico, sino los de la victoria como único resultado admisible. Una cultura que yo he defendido siempre (en lo puramente futbolístico, por supuesto), porque representa una mentalidad real forjada durante décadas, y eso es absolutamente respetable. No veo tampoco, además, ningua necesidad de imponer nuestro modelo. Pero por la misma razón, no concibo que el modelo maquiavélico traspase la frontera y se instale entre nosotros. Es un error despreciarlo, y más aún pretender que el nuestro es el único válido. Pero es un error también traerlo aquí, y ese proceso ya ha comenzado. Cierto que lo peor de lo antes descrito ya está superado, y aclaro que no me refiero a ello cuando digo que lo estamos importando. Me refiero a destruir todo (o casi) si no hay victorias inmediatas. Hay demasiada presión, y sé que diréis que eso es así y hay que aceptarlo. De acuerdo. Pero para mí el fútbol sería mucho más grande con más reflexión, paciencia y respeto. Reflexión para impedir que la derrota signifique necesariamente fracaso, y por tanto provoque constantes (y radicales) cambios de rumbo. Paciencia para que si algo está creciendo y tiene elementos positivos, podamos ver hasta dónde llega, o al menos darle las condiciones para que crezca. Y respeto, porque ya hay quien lo ha perdido definitivamente, y eso es, sin duda, lo más triste de todo. Es cierto: la victoria siempre fue una exigencia, pero nunca tanto como ahora. José Mourinho es hoy el gran triunfador, y la verdad es que poco se puede oponer a eso. Reconozco que yo jamás habría imaginado que el Inter eliminara al Barça, ni aunque hubieran jugado 100 veces, y así me pronuncié, así que me corresponde mirar en qué me equivoqué. En mi cabeza no existía un Inter finalista ante el Barcelona, e incluso aunque en mis pronósticos hablara siempre de un 80%/20%, íntimamente para mí era un 99%/1%. Buena lección aprendida. Ver jugar a dos equipos durante meses, semana tras semana, te hace conocerlos bien, pero ni mucho menos te permite pronosticar un enfrentamiento entre ellos de forma tan radical. Los 80/20s no valen cuando el equipo al que teóricamente asignas ese 20 tiene tantos buenos jugadores, tantos recursos, tanto amor propio y, además, un estilo. Ese estilo del que nos encanta reírnos cuando pierde y que sólo valoramos cuando gana. Mourinho es el triunfador, decía, pero no exactamente por el partido de ayer. Para mí, de esta eliminatoria el Barcelona sale mucho más derrotado que Mourinho triunfador. ¿Que el Inter defendió bien? Desde luego, y yo añado que “siendo fiel a su tradición“. Tocar y atacar siempre es muy bonito, pero es un error pensar que todos deben hacer lo que a nosotros nos gusta, sobre todo cuando un equipo no tiene recursos para hacerlo ante un determinado rival. El Inter siempre fue un equipo defensivo y hoy gracias a eso, a su ADN, está en una final de Champions. Saben defender y están orgullosos de ello, no quieren el balón y lo reconocen. Son así, y quien diga que no son un equipo grande se equivoca. El verdadero problema es que ayer tuvieron al Barcelona como aliado. El Barça jugó realmente mal. Increíblemente, no encontró soluciones en un partido en el que contó con una ventaja impagable: ni siquiera tenía que bajar a defender. Hasta ese punto el Inter fue Inter ayer. Ni tiró a puerta ni contragolpeó, algo inaudito, y el Barça no fue capaz de meterle 2 goles. Movió el balón con lentitud y de forma previsible, siempre de la misma manera. Le faltaron energía, vitalidad, ritmo y alternativas. El Barça brilla cuando hace volar el balón de lado a lado, con todos en movimiento, pero ayer eso no lo tuvo, y por tanto debió intentar alternar el toque y la paciencia con otras cosas, cosas que hoy parecen prohibidas. Pero mi decepción no fue sólo futbolística. Para mí hubo también cosas que no identifico con el Barcelona, y para las cuales hay que tener autocrítica. Motta está bien expulsado, pero lo que hace Busquets resulta feo. Ese tipo de actuaciones en España las deploramos con razón, siempre, y por tanto corresponde hacerlo hoy también: su tremenda exageración y su gesto destapándose la cara para mirar si había conseguido el objetivo están también en la historia. Como Valdés impidiendo a Mou celebrar la gesta, o los famosos aspersores, incalificables. El Barça es el mejor equipo del mundo, y su filosofía, la más difícil y bonita. Y el actual ciclo está a años luz de estar concluido. Tiene juventud, enormes futbolistas, un gran entrenador y las ideas claras. Pero si un día nada sale y se equivocan, no pasa nada por decirlo. Así se conoce a Mourinho desde que llegó a Inglaterra. El tipo especial, “the Special One“. Y todo porque él mismo se definió así en su primera rueda de prensa en Stamford Bridge. “Por favor, no me llamen arrogante, pero soy campeón de Europa, y creo que soy un tipo especial” dijo, por lo que desde ese mismo instante quedó bautizado. Y aunque está feo que lo diga él mismo, no le falta razón. Cuando ayer a los 30 segundos de partido Ibra recibió en el centro del campo, Walter Samuel le pegó un viaje que fue una declaración de intenciones. Ya se sabía que el Barça iba a sufrir. Se sabía que el Inter iba a utilizar sus armas, que son la intimidación, la entrada fuerte, pocas veces desleal, por cierto, y la velocidad, todo ello, por supuesto, hecho por algunos de los mejores jugadores del mundo, que también hay que decirlo. Además, y contra lo que yo imaginaba, presionó durante bastantes minutos mucho más arriba de lo que ha hecho en dos años, con breves descansos en los que se colocaba en la mitad de su propio campo, o incluso alrededor de su área. Desde esas zonas, y con una intensidad brutal, ahogó la circulación del Barcelona y lanzó contras mortales. Jamás pretendió tener el balón, porque así es este Inter, pero hay muchas versiones de equipos de Mou. En la temporada 2003/04 el Oporto fue campeón de Europa para sorpresa de todos. Contaba con la velocidad de Derlei y Alenichev, la calida de Deco, el remate de Benny MacCarthy, las llegadas constantes de Maniche, el músculo de Costinha y la contundencia de Bosingwa y Ricardo Carvalho. Y jugaba un fútbol lento, de ritmo bajo, muy bien protegido atrás. De ahí le viene su fama de defensivo. Pero Mourinho no es defensivo, es sencillamente un aprovechador de recursos. Con lo que tenía, hizo lo que tenía que hacer para ganar, como siempre ha hecho. Aquel Oporto, recuerdo, y tras eliminar al ManU con bastante suerte, jugó semis contra el Depor. Y no me olvido de lo que pensé durante el partido de ida, que jugó en casa. Iban 0-0 y los dragones apenas atacaban. Les gustaba el 0-0, les encantaba. Recuerdo el enorme optimismo de todos en España, incluido yo, pensando en una vuelta en Riazor sin haber perdido en Portugal. Pero en realidad Mourinho tenía lo que quería: no recibir gol en casa. A partir de ahí, desquició al Depor en la vuelta defendiendo con perfección y le ganó 0-1 de penalty, en un partido en el que sufrió poquísimo Esta era la versión 1.0 de Mourinho. Pero llegaron muchas más. Se fue a Londres y con Abramovich gastó un dineral fichando a Drogba, Robben, Carvalho, Tiago, Kezman, Cech y Paulo Ferreira, que junto a los Lampard, Duff, Gudjohnsen y Makelele formaron un equipazo. Con él, el tipo especial jugó a otra cosa: abrió el campo con Robben y Duff y manejó los partidos, especialmente ante equipos medianos, con una posesión increíble, a veces superior al 70%. Eso sí, al Barça de Rijkaard lo destrozó como ayer al de Guardiola, a la contra, porque cuando su rival le supera en algo, no se le ocurre usar las mismas armas. Consecuencia: un equipo que manoseaba el balón en Premier, se lo regaló al Barça en Champions para fulminarle. Luego el camaleón se fue a Italia, y allí empezó intentando algo similar, abriendo el campo con Mancini y Quaresma, pero no funcionó, así que volvió a cambiar de color. ¿Tengo a Ibra? Pues juego con Ibra: pelotazos desde atrás para un jugador imparable en la época. Fútbol de las cavernas para volver a aprovechar sus recursos, haciendo que Ibra batiera de largo su record de goles. Hoy ya no le tiene, así que hace otra cosa: correr. Tiene, junto con el Real Madrid, a los mejores delanteros para correr, además de centrocampistas buenísimos para robar e intimidar. Y todo eso hizo contra el Barça, al que, desde que llegó Guardiola, he visto zarandeado de verdad por primera vez. El Barça ha sufrido en algunos partidos, pero hasta ayer nunca fue zarandeado. Lo consiguió el tipo especial, el gran aprovechador de recursos. Y por cierto, uno de estos recursos es la guerra psicológica. Ya la ha empezado, y le llevará, de aquí al miércoles, a hacerse odiar por su enemigo. Sólo falta que el Barça no caiga en la provocación y sepa canalizar su rabia jugando a lo que sabe en el Camp Nou. Aún recuerdo bien el Inter que se desnudó en el Camp Nou en la primera fase. Mourinho no pareció tomar nota del repaso que le dieron en Milán dos meses antes (a pesar del 0-0 final), y se presentó a jugarle al Barça de igual a igual. Aquello fue una inmolación pública: defensa bastante lejos de su portero pero sin ninguna presión en el centro, ni arriba, ni marcas, ni nada. El resultado, por cierto, fue excelente para su equipo: sólo perdió 2-0 ante un rival sin Messi ni Ibra. Una inmolación que difícilmente se repetirá esta vez. Me cuesta pensar que el Inter va a intentar repetir experiencia, por una sencilla razón: para adelantar la defensa y presionar al Barça hay que valer y saber, hay que tener un trabajo táctico detrás que este Inter no tiene. Este Inter, al que tampoco hay que negarle sus méritos, que son muchos, es un equipo rudo y brillante a la vez. Rudo por cómo rasca tobillo y pantorrilla atrás, y brillante por la calidad y la pegada que tiene arriba. Exactamente igual que su entrenador: áspero, provocador y pegador, pero audaz e ingenioso, todo en uno. Por eso yo lo que espero es un equipo mucho más arropado atrás, intimidador, como siempre, (de codo y tacos muy arriba), y que confíe su suerte al enorme arsenal que tiene en la delantera. ¿Jugará con media punta + 3 delanteros? Es posible, aunque no seguro. Viene haciéndolo últimamente, y se vio contra la Juve. Desde que llegó Pandev y empezó a jugar bien, y con Balotelli en forma, más Eto’o, MIlito y el imprescindible Sneijder, a Mou le cuesta diseñar una alineación que deje a dos de los citados en el banquillo. Por eso no sería raro ver el 4-2-1-3 de los últimos partidos, ni tampoco un 4-3-1-2 que renuncie a un punta para añadir un medio centro rascador tipo Muntari. Dicho todo esto, el Barça es favorito. Y aunque Guardiola no necesita que nadie le marque el camino, la pobre Juve actual lo hizo en los 10 primeros minutos del clásico del viernes. Atacó sin miedo, como el condenado que no tiene nada que perder, y mandó sin discusión. Duró bien poco, pero volvió a desnudar a un Inter que cuando se ve agredido responde a duras penas. Pocos en Italia se atreven, y entre otras cosas por eso es tan rocoso en San Siro. Pero el Barça sí lo hará: saldrá a por todas, como siempre, y estoy seguro de que demostrará que es mucho mejor equipo. Fracaso es una palabra que nos encanta a los periodistas. De hecho, nos pasamos temporadas enteras preguntando a todo bicho viviente en entrevistas y ruedas de prensa si tal o cual cosa sería un fracaso. El objetivo es evidente: en cuanto alguien dice “sí” tenemos titular. Es una palabra contundente, desde luego. Pero no deja de estar cargada de subjetividad, porque lo que para mí es un fracaso, para otro puede no serlo, y viceversa. ¿Es un fracaso la temporada del Real Madrid? Pues eso, según se mire. Si de lo que se trata es de ganar títulos sin más, sí es un fracaso. Uno puede dar mil explicaciones a todo, pero cuando alguien suelta “ya, pero no ha ganado nada” normalmente finiquita la discusión con aire victorioso. La clave es que quizá no todo se reduzca a ganar títulos de forma inmediata, sino a construir un equipo que esté en disposición de hacerlo durante unos años. El “ganar ya” de Calderón le hizo vencer unas elecciones de la mano de Capello, y todo eso a la larga al Real Madrid le ha dado (una liga) mucho menos de lo que le ha quitado. Por todo esto a mí lo que me parece esencial es mirar la salud del equipo, el cual, por cierto, no deja de ser una primera piedra. Y tener mucha precaución al compararlo con el Barcelona. Este Barça es el mejor equipo de la historia, y por lo tanto, algo extraordinario. Vale para disfrutar y proyecta el modelo ideal de club, pero es peligroso para las comparaciones inmediatas. Si cualquier grande de Europa, no sólo el Real Madrid, se compara ahora con el Barça, le entran ganas hasta de tirar el estadio y hacer uno nuevo. Mirar la salud del equipo, decía. Pues para mí la tiene. ¿Es mejorable? Faltaría más. Pero es un buen equipo. Y lo es aun con las enormes carencias que tiene, y que se concentran sobre todo en el centro del campo. Lo que sí sería preocupante es un segundo año sin arreglar la falta de calidad en el medio, o la falta de un buen lateral izquierdo, por poner dos ejemplos. Pero eso le toca en los próximos meses. Hoy, con lo que tiene, está trabajado, defiende bien y muy arriba (lo más difícil) y, aunque no guste siempre, encaja poco, marca mucho y tiene una idea en el campo. Una idea perfectamente discutible pero, para mí, la única posible con los jugadores de que dispone. Basta pensar que el Barça del doblete de Rijkaard, brillante aunque más “humano” que el actual, a estas alturas tenía 8 puntos menos que el Real Madrid de Pellegrini. Es decir, ante el segundo mejor Barça de la historia, este Real Madrid sería virtual campeón… y paseándose. Y conste que los 7 partidos que quedan también son para valorar. Si el equipo se desmorona todo será revisable, sin duda. Pero si no lo hace, como primera piedra es buena y sirve como argumento ante los apocalípticos. Machacar a Pellegrini es fácil porque el club no le defiende con vehemencia, y él, apenas esgrime algunos números, se lleva otro palo sólo por hacerlo. Su situación es de extrema debilidad, y esto es un grave error, pero el equipo que dirige tiene trazas de poder llegar a ser un buen equipo. Y si un día lo es, además, dar paso a la cantera será bastante más sencillo que ahora, que es tiempo de jaurías. Tocar, tocar, tocar… Qué maravilloso es tocar. Tiqui, taca, tiqui, taca, de aquí para allá, izquierda, derecha, te la doy, me la das, avanzamos, regateo a este, me voy, otro toque, una pared, último pase… y gol. El fútbol bien jugado. No es irónico: el toque es maravilloso. España lo hizo y fue maravillosa en la Eurocopa, Brasil lo hizo en el 70 y en el 82, y nunca lo olvidaremos, el Barça lo hace y es una delicia, un equipo colosal de verdad. Tocar es una opción futbolística espectacular, atrevida y divertida de ver… cuando se hace bien. Porque cuando no se hace bien… es tan horrenda como cualquier otra que se haga mal, y además sueles perder. Porque desgraciada o afortunadamente, para tocar hay que valer. Hay que tener con quién. El Ajax de Van Gaal es uno de los mejores equipos que he visto en mi vida, como el Milan de Sacchi, ese que cambió el fútbol para siempre entre los 80 y los 90. Y tocar, no tocaban mucho, pero divertían y ganaban, porque eran rápidos, físicos, fuertes, agresivos y ofensivos. Porque el fútbol tiene esa doble vertiente: divertir y ganar. Hay que hacer las dos cosas, ya que la una sin la otra no tiene sentido. Por eso me pregunto quién pretende que el Real Madrid busque el toque contra el Barça. Es como si un equipo de basket lleno de tiradores y bases rápidos decide jugarse un partido en la pintura ante un rival con 4 pivots de 2.20. Es lo mismo. ¿Que el Real Madrid debería trabajar en estos años para ir formando un equipo capaz de tocar como Dios manda? Pues puede ser. Pero ahora mismo no lo tiene. Tiene una primera piedra, con gente como Xabi, Granero o Guti, y ante un rival menor puede plantearse mandar en la posesión. Pero ante este Barça para el Madrid sería un suicidio. En mi opinión, y aunque estén empatados a puntos, el Barça es muy superior en casi todas las facetas. Por eso creo que la única opción de los blancos es la que le ha dado frutos este año en Liga: presionar muy arriba para robar y jugar rápido, para lo cual sí tiene jugadores idóneos. Y sobre todo llegar al área de Valdés y terminar todas las jugadas posibles, aunque sea disparando fuera. Porque una de las claves del Barça es que roba en campo rival y desde allí recomienza, lo cual le evita muchos esfuerzos de ida y vuelta. Y gracias a eso, realimenta su presión y la mantiene casi los 90 minutos. Para quien me pregunta, mi favorito es el Barça. El Madrid tiene sus opciones si usa bien sus armas, pero el Barça ahora mismo son palabras mayores. Pocas veces como en este caso me parece que un debate futbolero está tan justificado: ¿debe Víctor Valdés ir al Mundial?. Por todos lados escucho y leo opiniones al respecto, algunas incluso expresadas de manera muy vehemente, pero en este caso sí me parece que existe una razón para debatir. Porque ahora mismo, y con esto ya me decanto directamente, uno de los mejores jugadores españoles se está quedando repetidamente fuera de la Selección. MÉRITOS. En España tenemos a algunos de los mejores futbolistas del mundo en varias posiciones. Y a nadie se nos pasa por la cabeza que alguno de ellos no vaya al mundial. ¿O acaso a alguien se le ocurre que Torres, Villa, Silva, Xavi, Cesc, Iniesta, Xabi o Puyol, si están bien físicamente, se queden en casa? Bueno, pues a mí con Valdés me pasa igual. Cada vez que le veo me transmite tal sensación de seguridad y suficiencia (de la buena) que no puedo imaginarle fuera de una lista que contenga a los 23 mejores de España. Posiblemente he visto en mi vida mejores porteros, más brillantes, estilizados o milagreros. Pero pocos me han transmitido la tranquilidad, la sensación de control, de calma y de confianza en sí mismo que me transmite Valdés, virtudes que, llegado el caso en un mundial, podrían ser decisivas. Aparte de sus cualidades como portero, que son indiscutibles, Valdés me parece portentoso porque es un témpano de hielo, un témpano que parece no tenerle miedo al error ni siquiera en situaciones límite, de esas en las que hasta a los que vemos el fútbol por la tele nos tiemblan las piernas. Valdés tiene tal fuerza interior que, cuando falla, no se resiente jamás, creo incluso que encima se crece. Y todo esto, insisto, sumado a todas sus cualidades en lo que llaman goalkeeping, me hacen no tener ninguna duda. De hecho, me parece tan evidente su progresión que entendería incluso el debate sobre la titularidad en la selección. Y no digo con esto que para mí Valdés deba ser incluso titular con España, porque creo que Casillas está bien donde está. Digo sólo que si ese debate existiera, me parecería cuando menos justificado. Veo a Messi en todos los titulares y no me extraña, porque lo que hizo ayer fue maravilloso. Es el mejor jugador del mundo, creo yo, aunque entiendo que mucha gente no lo piense así. Cristiano es también un fenómeno de los que se ven cada muchos años, y el hecho de que sean contemporáneos deja siempre abierto un debate. Es subjetivo, seguramente, pero yo me decanto por Messi. Me gusta más. Que tenga él el balón de oro a mí no me influye al valorar: me influye lo que me transmite cuando juega. Será por foto-finish, pero para mí es el mejor. EL EQUIPO. Pero al mismo nivel de importancia está el equipo. Yo, el único jugador que he visto en mi vida capaz de ganar algo casi solo es Maradona. Lo hizo en el 86, rodeado de una selección sólo discreta. Y casi lo repite en el 90, con una selección incluso algo peor. Por eso Maradona sólo hay uno, y Messi no llega a su nivel, aunque se parezca. A lo que voy es a que creo que hay que darle también la importancia que tiene al juego de conjunto. ¿Cuántas veces hemos oído que el jugador clave del Barça es Xavi? Bueno, pues ayer Xavi no estaba y nadie se acordó de él. Y que nadie interprete que Xavi no es importante, porque no es así. Es, de hecho, el mejor medio centro creativo del mundo, con mucha diferencia. Pero incluso no estando él el Barça puede ganar y convencer, porque el gran argumento de este equipo no es Messi ni es Xavi: es el conjunto. Primero, el juego colectivo, ese que hace (entre otras cosas) que el rival no pase del centro del campo, y a partir de ahí, las individualidades, que son la continuación. El Barça del último mes ha sufrido, y mucho, en varios partidos porque el bloque no ha funcionado bien. En Stuttgart, con Messi y Xavi en el campo, un equipo discretito les pasó por encima durante 45 minutos. En Madrid ante el Atlético, lo mismo, y a ratos en Almería, y hay más ejemplos que se hace aburrido enumerar. Para mí todo empieza sin el balón, y dónde y a qué velocidad se recupere éste resulta vital: que el Barça lo robe en apenas 4 ó 5 segundos y en campo rival o, al menos, en la divisoria, es el principio de todo. Gracias a eso Messi recibe donde tiene que recibir, a pocos metros de la portería rival y con el rival recolocándose. Si el Barça recuperara más atrás o permitiera al contrario terminar más jugadas, para empezar sufriría más ocasiones de gol y más goles, pero además, permitiría al rival reorganizarse y que, por ejemplo, a Messi le esperaran 2 ó 3 jugadores bien escalonados. Un ejemplo: Argentina. ¿Que Messi podría marcar la diferencia él solo en algún partido? Desde luego, lo ha hecho y lo seguirá haciendo. Pero el bloque y su presión son los cimientos de todo, y este Barça, cuando tiene eso, gana y da espectáculo incluso con algunos de sus cracks mirando desde la grada. Me encantaría que usarais este blog para vuestras reflexiones sobre el Real Madrid. Hacedlo en respuestas a este post, y debatimos sobre lo que ha pasado y puede pasar. Ya sabéis mi opinión, creo que el Real Madrid debe estar tranquilo y seguir adelante. A mí la línea y el juego del equipo, en general, me gusta. ¿Y a vosotros? ¿Qué haríais ahora? Gracias a todos. |

Entradas (RSS)